"Con las fases de la luna se cuenta un recorrido del sol".

En el solsticio de invierno (We Tripantu) de los Pueblos Indígenas.



Con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, ocurrido a las 20:57 horas de antenoche, los pueblos originarios empezaron a vivir lo que se denomina el Año Nuevo Etnico, ocasión en que Aimaráes, Quechuas, Rapanuies y mapuches realizan ceremoniales religiosos que tienen que ver con el padre Sol, la Luna, la Tierra y los Ríos. Para ellos, con el solsticio se inicia un nuevo ciclo en la naturaleza.

Los Aymarás lo llaman “Machac Mara”; los Quechuas “Inti Rayma”; los Rapanuies “Aringa Ora” y los Mapuches “We Tripantu”.

En el caso del pueblo mapuche, todo este fenómeno está determinado por la luna, pues nuestros antepasados observaban la fase menguante de ésta y así se sabía que era el We Tripantu: “ragiñkülewechi küyen mew, fey wiñotuy tripan antü pige ke fuy” lo que más o menos significa: "Con las fases de la luna se cuenta un recorrido del sol".

De acuerdo a esta lógica se da inicio a la celebración del We Tripantu, cuyo contenido no obedece a una simple celebración. Tiene toda una explicación profunda y filosófica que forma parte de la religiosidad mapuche.

La llegada del We Tripantu se transforma en una espera muy importante para las comunidades. En la madrugada del We Tripantu toda la familia, ancianos, jóvenes y niños se levantan temprano y van a un estero a bañarse. Junto a ello se realiza una ceremonia de rogativa individual.

Además, la familia se dispone en esa ocasión a celebrar el Bakutun, ceremonia donde participan todos los familiares de ambas partes. Esto consiste en que la niña recibe a una segunda madre que a la vez hace de tocaya (Baku) y se le hace entrega de la vestimenta de la mujer Mapuche, junto con los aros, pues es la tocaya (en este caso) la que realiza la ceremonia de perforar las orejas (Katan Pilun), para que la niña comience a usar los aros.

A los árboles que no dan frutos se les azota para que el año venidero tengan frutos. Esta actividad la realizan los niños a pedido de los adultos.

Este es un día de celebración y alegría, donde los familiares se visitan y pueden compartir comidas, mote, sopaipillas, catutos y el infaltable muday (bebida de trigo o maíz) que acompaña a toda ceremonia y rogativa.

Sabiendo que el We Tripantu es un cambio de ciclo de vida, cuya clara señal es el solsticio de invierno, es preciso renovarse, convocar nuevas fuerzas. En la ceremonia se realiza una purificación con agua, con un baño en que se dejan atrás muchas cosas.

En la ruka se realiza el fogón milenario, danzan alrededor del rewe símbolo del cerro más alto. El sonido lo aporta el kultrun, que con su forma parabólica y sus dibujos es una metáfora de la tierra y la cosmovisión mapuche.

Fuente: Diario La Tribuna.